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No podemos mirar hacia otro lado: la violencia sexual y de género en los procesos migratorios

Posteado en Ene 11, 2020

Uno de los mayores retos relacionados con el aumento de peticiones de asilo y de protección internacional es la prevención y detección de los casos de violencia sexual y de género que se producen antes y durante el proceso migratorio.

“Alina, una mujer joven recién llegada a España y alojada en un centro de acogida. Procede de una comunidad donde se suele practicar la mutilación genital femenina. Ella misma ha estado sometida a esta práctica y cree que esta también es la norma en el país de acogida. Acaba de tener una niña de un hombre fallecido durante el viaje migratorio. Puesto que en este centro de acogida no hay otras mujeres procedentes de su misma comunidad, que podrían ayudarle a organizar la operación, decide dirigirse al miembro del personal de su mayor confianza para pedirle información al respecto”.

Este es solamente un caso de violencia sexual y de género (VSG) de los que cada día se encuentran los y las profesionales que trabajan en alguna de las fases del sistema de acogida de personas inmigrantes y refugiadas en el Estado español, y que se recoge en la publicación Violencia sexual y de género. Guía de recursos para formadores y formadoras, varios de cuyos fragmentos reproducimos aquí.

La toma a cargo de personas que han sufrido torturas, violaciones y otras formas de violencia extrema expone al/la profesional a sufrimientos y emociones dolorosas difíciles de soportar. Para evitar reacciones de angustia, los/las profesionales pueden poner en marcha, de forma involuntaria y automática, diversos mecanismos de defensa. Los más comunes son: la racionalización, la negación, la minimización y el distanciamiento.

Uno de los retos más importantes relacionados con el crecimiento del número de peticiones de asilo y de protección internacional que se ha producido en el Estado español a lo largo del último lustro es cómo prevenir y detectar los casos de violencia sexual y de género que se producen tanto durante el proceso migratorio como antes del mismo. Diferentes estudios destacan que entre 6 y 8 mujeres de cada 10 que emprenden procesos migratorios en el mundo son violadas. Pero la detección de estos casos por los y las profesionales es complicado y depende mucho del contexto de la víctima.

Los problemas típicamente asociados a la VSG resultan muy variados y albergan a menudo aspectos psíquicos y conductuales. Tales aspectos pueden constituir indicadores de la VSG para quién entra en relación con las víctimas supervivientes. Entre los mismos destacan: bajo nivel de autoestima, promiscuidad sexual, problemas de ansiedad y depresión, somatización y abusos, complicaciones en las relaciones interpersonales.

En este contexto, la FPFE ha formado parte de un proyecto europeo de formación de profesionales en metodologías y técnicas de prevención y detección de violencia sexual y de género, en el que han participado formadores/as del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social y de las entidades más importantes del sector: Cruz Roja, CEAR, Médicos del Mundo y la Red Acoge: el proyecto MED-RES (MEDiterranean Reception Systems’ coordinated RES-ponse for People in Migration – PiM – victims of SGBV). Liderado por la Associazione Italiana Donne per lo Sviluppo (AIDOS), en colaboración con Women’s Rights Foundation (WRF, Malta) y la Federación de Planificación Familiar Estatal (FPFE, España); está cofinanciado por los fondos de la Dirección General de Justicia y Consumo (DG JUST) de la Comisión Europea y por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

En este proyecto se ha partido de la base que la mayoría de trabajadores/as de este ámbito ya tienen incorporado el enfoque de género, y por ello esta formación ha intentado ir más allá configurando un espacio de debate, reflexión e intercambio de experiencias entre profesionales. Se ha facilitado así un proceso de aprendizaje y crecimiento horizontal que permite la puesta en común de las herramientas actuales y de su evaluación por parte de las y los mismos profesionales a través de dinámicas participativas y de construcción de un marco de actuación.

 

Todos y todas los/las profesionales que interactúan con víctimas de VSG deberían al menos tener formación sobre aspectos culturales de la VSG. La clave de los programas de prevención de la VSG consiste en hacerse cargo de las víctimas y que el personal se halle adecuadamente formado en este ámbito, así como dispuesto a cobrar conciencia de sus propios prejuicios, creencias y estereotipos limitantes relativos a dichas víctimas.

Uno de los aspectos mejor valorados por parte de los/as participantes en la formación ha sido la inmersión en el marco de protección de las mujeres extranjeras víctimas de violencia de género.

Las mujeres migrantes víctimas de violencia de género tienen derecho a solicitar su regularización, cuando denuncien a su agresor, a solicitar la autorización de residencia temporal independiente, tras denunciar y obtener una orden de protección o Informe de Ministerio Fiscal, derecho a solicitar el cambio de tarjeta fiscal, derecho a solicitar una autorización de residencia temporal por razones humanitarias, y el derecho a obtener la condición de refugiada para las mujeres que huyan de su país de origen debido a un temor fundado a sufrir persecución por motivos de género.

Las mujeres migrantes víctimas de violencia de género tienen derecho a solicitar su regularización, cuando denuncien a su agresor, a solicitar la autorización de residencia temporal independiente, tras denunciar y obtener una orden de protección o Informe de Ministerio Fiscal, derecho a solicitar el cambio de tarjeta fiscal, derecho a solicitar una autorización de residencia temporal por razones humanitarias, y el derecho a obtener la condición de refugiada para las mujeres que huyan de su país de origen debido a un temor fundado a sufrir persecución por motivos de género.

Para prevenir y tratar los efectos negativos de las experiencias traumáticas de los y las profesionales, es necesario: evitar cargas de trabajo excesivas y diversificar actividades a desarrollar de manera que no se acumule fatiga psicológica debida a un continuo contacto con sufrimientos y dolores ajenos; desarrollar una metodología de trabajo que permita el reparto con los/las colegas de las experiencias emocionales relacionadas con las vivencias traumáticas de las víctimas supervivientes; hallar el justo equilibrio entre el trabajo y la vida privada; organizar seguimientos en los cuales los/las profesionales puedan expresar sus temores, dudas y carencias; e invertir en formación, para incrementar la consciencia de las dificultades emocionales y relacionales propias de la profesión así como adquirir las estrategias necesarias para superarlas.

El proyecto, desarrollado en Madrid y en Valencia, ha permitido profundizar en nuevos conocimientos y herramientas siguiendo la metodología de la asociación italiana AIDOS, experta en migraciones/refugiadas y violencia sexual y de género. En el marco de los contenidos formativos cabe destacar la importancia de hacer hincapié en los siguientes aspectos: la trata de personas, la mutilación genital femenina, el marco de protección internacional y el trabajo de cuidados que se debe realizar con los y las trabajadores/as que intervienen directamente con las personas víctimas de VSG.

Una formación de cinco módulos realizados en cinco días, más de 25 horas de formación que permiten a los y las profesionales adquirir un marco de actuación más integral y holístico basado en los enfoques de género y de derechos humanos. Un proceso que acaba de empezar y que pretende a corto y medio plazo llegar al máximo número de profesionales para ir tejiendo una respuesta coordinada para ofrecer apoyo y soporte a las víctimas de VSG.

 

 

Adrià Belenguer Sòria
Área de Intervención Social de FPFE

 

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Este artículo pertenece al número 118 de la revista Diálogos. Para leer otros contenidos, pulsa aquí. 

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